martes, agosto 13, 2013

Recordando a Jaime Garzón...14 años después

Cómo te extraño. Cuánto me hacías reír. Cuánta falta nos haces...



Para los que no lo conocen Jaime Garzón fue un humorista político colombiano asesinado el 13 de agosto de 1999.

martes, junio 11, 2013

Diatriba contra el turista antisocial

Vista del mierdero en Ocean Drive, SoBe. (FOTO CORTESIA)

Yo se que Mayami es la ciudad del marmol... Mar y Mall... Pero lo que no entiendo es a esos amigos de uno de la infancia o adolescencia que vienen por estos lares en plan turista y no se dejan caer ni una llamadita telefónica. Claro, ellos no entienden la soledad en la que uno vive.

"Es que no me quedó tiempo de nada, imagínate que me fui para Dolphin Maaaaalllll y después me tocó salir corriendo al aeropuerto porque llegaba la Uchi, imagínate, como le iba a hacer ese desplante a ella de no recogerla, pero lo peor de todo es que me perdí, nada que ver, porque imagínate que cuando llegamos a alquilar el carro no había con GPS, que oso".

Eso fue un lunes. Lo que no contó nuestra turista imaginaria es que estuvo siete días en Mayami, de los cuales sólo uno lo dedicó a pasear en carro por SoBe y mirar de lejos el mar porque la Ocean Drive estaba "taqueada de carros" y que los otros seis los dedicó a recorrer el Sawgrass, el Aventura, el International, pasando por el de Las Américas, "que por cierto está horrible, nada que ver" y hasta por el Bal Harbour, "a ver si encuentro un monedero marca Hermes en rebaja". Hubo algunos que se le escaparon, porque son nuevos y no sabe donde quedan, pero como ella se las sabe TODAS!!!!!

Oh, el disfrute de un Mall teteado de gente. (CORTESIA SAWGRASS)
No, lo que no cuenta es que sí tuvo tiempo para ir donde la tía que le brindó un sancocho costeño pensando que eso era gracia y que se lo comió con asco porque ella lo que quería era hartarse de McDonalds porque allá es "carísimo". Tampoco cuenta que sí le quedó tiempo para poner las fotos de sus visitas a los molles en Facebook. La muy ingenua cree que el Facebook es sólo para los envidiosos que se quedaron en su terruño y que nosotros, los que vivimos en Miami, el estrato siete de ese mismo terruño, también vemos el Facebook.

Sí le quedó tiempo para pasar por el centro a comprar dos maletas chinas, porque las otras dos que traía las llenó, y también para organizar las maletas. Antes de su viaje se preparó y entró a las páginas web de cuanto parque de atracciones o zoológico (si tiene hijos) existe en el área de Miami. Ella hizo un "research" concienzudo pero el tiempo no le alcanzó para mandarme un mensajito de Facebook preguntándome por mi número de celular que es el mismo que tengo desde hace aaaaaaños y que debe tener apuntado en alguna libreta del año de upa.

Yo escucho su perorata por el teléfono y la entiendo, porque cuando voy a mi terruño a visitar a mi abuela, que es el único ser de toda la ciudad que no tiene múltiples compromisos y puede atenderme, tampoco llamo a mis amigos. ¿Para qué?

Vista de una tienda "pupi" (FOTO CORTESIA)
¿Para que se sientan obligados a hacerme una atención? ¿Para que desplieguen su vajilla y manteles comprados en Miami en su último viaje ante mí? Permítanme informarles que esa vajilla y ese mantel están ya pasados de moda, porque aquí, en la capital del consumismo pueblerino, eso estuvo de moda hace como cinco años. Yo no la compré en ese entonces, porque al igual que ustedes me parece irrisorio gastarme mas de 200 dólares en una vajilla y un mantel. Al igual que tú, esperé a que Macy's pusiera las cosas en rebaja durante cualquiera de los múltiples "holidays" que los gringos se inventan para que uno vaya al Mall.

A diferencia de ti, yo SÍ se donde están las mejores ofertas, cuando las ponen y cómo ir a conseguirlas sin necesidad de un GPS. Pero como tú te las sabes tooooodas y prefieres ir a Ross y a Marshall un sábado a las tres de la tarde cuando ya la tienda está vuelta mierda y pierdes el tiempo y no encuentras nada y te vas de mal genio del mol porque no encontraste lo que buscabas y... Mierda! Se me olvidó llamar a Butis!

Y me río cuando veo tus fotos en Facebook, pero también me entristezco porque me acuerdo de nuestra amistad en el colegio y lo bien que la pasábamos en el recreo. ¿Te acuerdas? No, seguro que no.


miércoles, enero 23, 2013

Portaretrato



No sabía exactamente hace cuanto tenía esa pequeña ventana: tal vez un minuto, una hora o una semana. O tal vez años. El caso es que apareció en medio de la oscuridad después de un ligero temblor. Era como si la hubiesen recortado en una pared y la hubiesen dejado así sin marco y, aunque le parecía fea, a través de ella podía ver.

La mujer miraba la ventana y la corría, milímetros.  Por un momento sintió que le estaba viendo a él. Quiso decirle algo para ver si ella respondía, pero no se le ocurrió nada.  Se le habían olvidado las palabras.

También se le habían olvidado los sabores. Era sólo cuando pasaba frente a su ventana con un plato de comida que recordaba la calidez de los frijoles, la efervescencia de la Coca-cola o la textura granulosa de las arepas recién hechas.

Al principio se la pasaba mirando por su pequeña ventana. Espiaba absolutamente todo lo que la mujer hacía y recordó lo que sentía por su esposa. Recordó también la intimidad de los brazos de su amante, los golpes en la espalda que le daba a sus hijos en señal de aprobación, los cocotazos que les pegaba cuando se portaban mal. Entonces lo vio.

Casi no lo reconoció de lo cambiado que estaba. ¿Quién era ese tipo de la barbita? El hombre se dio la vuelta y lo golpearon sus ojos azules, los mismos ojos azules de su hermana, los mismos ojos azules que lo miraban anhelante a través de un par de gafas, pequeños, tiernos.

Sintió un fuerte dolor en el centro de su ser como cuando le faltaba el aire.  ¿Cómo era posible que hubiese cambiado tanto? Ese muchacho, ese flaco, perfilaba ahora una barriga desgarbada, usaba el pelo corto, llevaba barba, ese que ni siquiera le salía bozo, que tenía un estómago de tabla, que llevaba rizos color miel. El de la ropa a la moda, rebelde, ahora llevaba un atuendo oficinesco.

Cómo era posible que después de tanta oscuridad tuviera ahora una ventana de luz y que esta le trajera tanto dolor, tanto asombro, tanta desolación. Se sintió aún más solo en su oscuridad y se tumbó, se apartó de la ventana, contempló el punto de luz roja titilante. Pero la atracción de la ventana era más fuerte y fue así que regresó a asomarse por ella.

La mujer le servía al hombre un plato humeante, rojo, húmedo, del cual no recordaba el nombre. Miraban la televisión mientras comían en la sala, igual que él lo hacía, contemplando el noticiero del mediodía. Después él desapareció y ella durmió una siesta en el sofá. Luego ella también se fue.

Cuando se sintió solo ,se tomó la libertad de asomarse lo más posible, pero algo le impidió atravesar la ventana. Desde ahí exploró todo lo que pudo. Pasó un  largo rato hasta que se aprendió de memoria todos los objetos del lugar.

La novedad de la ventana fue pasando y se acostumbró a ella. Por ella sabía si era de día o de noche, aunque a veces se confundía pues dejaban la luz de la sala encendida. Ya no la miraba, se mantenía en la oscuridad, haciendo nada.

De repente sintió un olor. No sabía identificarlo ni lo conocía pero le encantaba. Miró por la ventana y vio que una guirnalda de flores la atravesaba. Qué flores más extrañas, se preguntó. Frescas, estaban ensartadas con un hilo grueso, algunas ya empezaban a morir y éstas quedaban de su lado.  Entonces supo que no lo habían olvidado.

martes, diciembre 04, 2012

Una noche de juerga

Los amigos de la Revista Nagari  muy gentilmente publicaron uno de mis cuentos en su más reciente edición. Clic abajo para leer.

sábado, octubre 27, 2012

La mandala


Mandala Azul, Rodrigo Mendoza-Cortissoz
Mandala Azul, Rodrigo Mendoza-Cortissoz

Se sentó a meditar mirando la mandala. Fijó sus ojos en su centro: un cuadrado pequeño y blanco. A su alrededor varios triángulos formaban una estrella cuyos picos hacían un perfecto círculo enmarcado dentro de un cuadrado y así sucesivamente la mandala se iba expandiendo desde el centro hacia fuera.

Se sentía miserable pero trataba de concentrarse en la mandala por encima de la tristeza que le dejaba la boca llena de lágrimas. Trató de vaciar su mente como había escuchado decir a los maestros, pero los pensamientos negativos le invadieron.

No servía para nada, era mediocre y sentía hastío, desapego a la vida, ganas de dormir. Aún así contempló la mandala y poco a poco fue perdiéndose en sus formas.

Muy sutilmente percibió que algo a su alrededor había cambiado pues la habitación estaba ahora más oscura que antes y la mandala emitía una tenue luz, sus colores azul y blanco brillaban dulcemente y casi no percibía ruidos del mundo exterior.

Siguió con la mirada fija en su centro y fue entonces cuando empezó a ver que los dibujos en la mandala se movían, mínimamente, palpitaban. Los colores se hicieron más intensos, el azul pasaba por todas sus gamas hasta volver al azul oscuro y luego empezaba de nuevo. El blanco refulgía.

Empezó a ver verdes y rojos y pronto el cuadro tomó vida y las estrellas empezaron a danzar. Las figuras geométricas adquirieron relieve y comenzó a sentir una atracción especial por el cuadro. Algo en él le llamaba, le invitaba a entrar en ese mundo geométrico y cuadriculado, a perderse en sus laberintos de puertas triangulares, exágonos, cuadrados y círculos. Los ojos le lloraban pues miraba sin pestañear. Pero no pudo evitarlo y los cerró un instante.

Cuando los abrió estaba de nuevo en su cuarto, la luz ya no era la misma, escuchaba los ruidos de la casa, la magia se había perdido y la mandala seguía allí inmóvil, burlándose de su tonta ilusión de entrar en su lugar sagrado.

viernes, marzo 09, 2012

En el harem



The Harem Dancer by Hans Zatzka
Zoraya bailaba
en el harem,
su cuerpo
movido por las olas
de un mar
bravío
azul
turquesa.

Su cuerpo
poblado por mil almas
es un vaivén
columpio
zigzagueante,
dorado,
hermoso,
plano.

Zoraya,
hendijas en sus ojos,
perdida entre las madres,
traficada,
exprimida
y explotada

Zoraya rebosa
de sexo,
de amor,
de puro gozo,
de baile,
de flautas
y tambores.

La avispa en su cintura
es una ofensa
no para el Pashá
para sí misma.

Quebrada sobre sí
por no parir
ni haber parido,
Zoraya,
la hembra,
la lejana,
baila
triste,
desafiante.

The Harem Dance - Continental School
Un traficante
observa.
Desde la pluma
de su almohada
dibuja
su figura
espigada
cartel que anuncia
regocijos
de otros
hombres
menos
mezquinos
que él
pero igual de
sanguinarios.

Zoraya lo mira
sin saber
que el invitado
es su verdugo
y baila
para él
no disimula.

Llena de hastío
espera quieta
que termine
luego se lava
y llora
sin saber que
ya en su vientre
hay una luz,
un hito.

Zoraya no sabe
lo que espera
al otro lado,
tan sólo
vive,
come
y danza.

Una señal
anuncia
el cese de la luna.

Zoraya acaricia
su ilusión
como los hombres
atesoran
su cuerpo
y esconde
su redondez
en gasas.

El maleante
descubre
la charada,
puñal en mano
dispone el cese
y Zoraya
pierde un niño triste
de olor a viento.

Ahora sus ojos
son vacío,
su piel,
alfombra pisoteada,
su baile,
columpio quieto,
desierto,
abismo,
nada.

Zoraya espera
en el harem
su cuerpo
estático
sin mar
es arena
polvo
llaga.

jueves, febrero 16, 2012

Puesto de Combate No.77

Varios de mis poemas furon publicados en la revista Puesto de Combate que dirige mi amigo el escritor Milciades Arévalo. Lee la revista aquí.

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